Spekti

Despertó con dificultad en medio de la negrura, era el segundo día a oscuras. Dos días en los que no había tenido conciencia de si era de día o de noche. No sabía ni siquiera cuanto había dormido. Tanteo la mesa de noche hasta dar con la pequeña linterna verde que lo había acompañado durante todo el tiempo de oscuridad.

Como a todo buen spekti a Huygens los cambios bruscos y no planificados le producían ansiedad, en Spekti las cosas se sucedían con un orden y armonía perfectas, pero cada cierto tiempo, ocurrían cambios como este, para él era un cataclismo, una catástrofe, pero todos le contaban que ya habían ocurrido antes y aunque parecía el fin, realmente no lo era.

Ubicó con el rayo de luz de la linterna, el sillón azul en donde usualmente se sentaba a leer, apagó la linterna y a tientas se deslizó hasta el sillón, tenía que economizar las baterías de la linterna, no sabía cuanto tiempo más estarían a oscuras.

No podía salir de su habitación, nadie se lo había prohibido, pero el sentido común le decía que era peligroso y lo obligaba a quedarse en casa, sin ver donde pisaba podría resbalar entre los engranajes. Oyó un ruido de pisadas y prendió la linterna rápidamente para iluminar a Galio que entraba en ese momento.

.- Galio – dijo con alivio – qué susto me has dado.

.- ¿Qué temes Huygens? No sabía que le tenías miedo a la oscuridad.

No podía verle la cara a Galio pero sabía que estaba sonriendo burlonamente, no entendía como no podía estar ni siquiera un poco atribulado. Sabía que Galio ya antes había pasado por cambios como este, pero según los más antiguos en el pueblo, solo se habían sucedido unos cuatro o cinco veces. Este era el primero que él veía, pero con seguridad ni siquiera cinco le bastarían para sentirse confiado y tranquilo.

.- Me preocupa mucho el futuro, Galio – le dijo a su amigo mientras señalaba con el pulgar derecho hacia atrás.

Para los spekties el concepto de ubicación espacial del futuro era a sus espaldas, porque representaba lo desconocido, algo que no puedes ver y por lo tanto no puede estar frente a tus ojos, mientras que el pasado, conocido y repasado, estaba al frente, porque podías verlo siempre en tus recuerdos. Del pasado se podía aprender, por lo tanto era como una lección escrita en una pizarra frente a ti. Para los spekties, mirar atrás era mirar al futuro, mientras que mirar adelante era regocijarse o atormentarse con lo vivido. Por lo tanto las referencias a eventos pasados solían acompañarse con ademanes de manos que señalaban adelante, mientras que, como lo hacía Huygens en esta ocasión, los alusivos al futuro solían apuntar hacia atrás.

El futuro será lo que tenga que ser – le respondió Galio, luego señaló adelante y sonrió – en el pasado, ya hemos vivido situaciones similares e incluso peores que esta y nuestro pueblo salió airoso. Sonríe, disfruta de la oscuridad y del descanso adicional, preocuparte no cambiará lo que tenga que ser.

Galio tenía buenas razones para ser optimista, ya había vivido otros cambios bruscos como este, pero entendía la preocupación de Huygens, el mismo había experimentado la misma incertidumbre la primera vez cuando las dunas doradas en las que solía deslizarse por diversión habían desaparecido repentinamente, y los límites de Spekti habían dejado de ser fríos y transparentes, para ser dorados, fríos y opacos. Los paisajes pasaron de ser curvos y sensuales a ser líneas rectas, precisas y fuertes. Recordaba con nostalgia cuanto le divertía deslizarse en las dunas, pero después del cambio descubrió que jugar entre los engranajes también le divertía.

.- Lo que viene no será malo, solo será distinto, apuntó Galio.

De repente, un rayo de luz surcó el cielo transparente. Huygens impulsado como un resorte se puso de pie de inmediato. Ya viene – pensó – el cambio. Escuchó un enorme estruendo y luego de nuevo la oscuridad.

.- ¿Y si el cambio ya se dio, Galio? – dijo sintiendo que las sienes le latían – ¿Si esta oscuridad es la nueva normalidad?

.- Entonces nuestros ojos se acostumbrarán – respondió Galio sereno.

Más arriba del cielo transparente, lo que había producido el estruendo era el ruido que había hecho Jaime al cerrar la última gaveta de su cómoda, en la que hacía un par de días había guardado su viejo reloj de bolsillo. Al fin había llegado su nuevo reloj digital, una pantalla de una pulgada y media con números de un color azul brillante.

Abrió el cajón para ver la hora en su fiel reloj, nunca, ni una sola vez se había atrasado, siempre preciso, sería el que indicaría la hora para ajustar el nuevo. Había sido un regalo de su abuelo Luis, quien a su vez lo había recibido de su abuelo, hasta ahí llegaba el conocimiento de Jaime acerca del hermoso reloj de bolsillo que el abuelo había puesto en sus manos con parsimonia.

Según el abuelo pasar un reloj de generación en generación era una tradición que estaba en su familia desde hacía cientos, quizás miles, de años atrás, había incluso una leyenda en la familia, acerca de que la tradición había iniciado en el siglo III cuando un antepasado lejano, sustituyó su reloj de arena dorada por un reloj mecánico.

Seguramente extrañaría el tic tac del reloj, después de que su abuelo murió solía dormir con el reloj bajo la almohada, el tic tac lo calmaba, era como si ese tic tac fuesen voces que le repetían constantemente que todo estaría bien.

Ya había leído con atención el manual, y estaba terminando de poner su nuevo reloj digital en hora, en la hora que el reloj de su abuelo le había indicado, un bip agudo le indicó que estaba listo, volvió a abrir el cajón para cerciorarse de que efectivamente ambos relojes estaban sincronizados.

Debajo del cielo transparente Huygens aún no se había recuperado de la impresión del primer rayo de luz que surcó el cielo cuando una segunda explosión de luminosidad lo llenó todo, inconscientemente tomó a Galio con fuerza por el antebrazo, sentía que una enorme fuerza lo atraía hacia arriba. Estaba aterrado, con los ojos muy abiertos miró a Galio que le sonreía con dulzura. De repente, las paredes se hicieron negras, los límites de Spekti también se habían vuelto negros y ya el cielo no era transparente, sino de un azul intenso.

Su sillón ya no era azul y mullido, era negro plano y con bordes lisos y rectos. Levantó la mirada hacia Galio, y notó que este ya no tenía boca, en su lugar había una pantalla rectangular en donde podía leerse: Ya pasó, esta es la nueva normalidad, no más tics ni tacs para comunicarnos, ahora Spekti será un lugar silencioso de cielo azul brillante.

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